domingo, 22 de junio de 2014

lunes, 17 de marzo de 2014

A LAS CINCO DE LA TARDE



A las cinco de la tarde (Diábolo Ediciones) pasará a la historia por ser la primera novela gráfica ambientada en el mundo de los toros. Un excelente cómic del guionistaManolo López Poy y el dibujante Miguel Fernández, que ya nos sorprendieron con Mamed Casanova. El hijo de la ira (Diábolo), otra historia biográfica sobre el último bandolero romántico español. 
(Jesús Jiménez / El Cómic en RTVE))


sábado, 8 de junio de 2013

GOTAS QUE COLMAN VASOS

Ana tiene 37 años y una niña de diez. Hace doce meses que su ex marido hace cola en el INEM y no le pasa un euro de pensión. En los tres últimos meses ha conseguido mantener el tipo cada vez que abre una carta del banco anunciando números rojos, cada vez que le miente a su hija sobre el origen de la ropa que le envían desde la parroquia, cada vez que su madre le riñe por la dejadez de su aspecto, cada vez rellena los bocadillos con más tristeza que mortadela.


Hasta esta mañana ha sido capaz de inventar razones para convertir una tarde de desilusión en un parque de fantasía infantil, para sacar sonrisas del cajón de la desesperación. Pero esta mañana, al abrir la lavadora y ver los últimos pantalones nuevos que la niña se empeñó en llevar al cumpleaños de una amiga, dos lágrimas enormes se han descolgado de sus ojos. Una ha caído en un roto y la otra en un descosido.

sábado, 27 de abril de 2013

ENTRE EL CIELO Y EL INFIERNO.


Recién salida de la imprenta una nueva obra dedicada al blues. Cien efémerides, cien vidas, cien historias de mujeres y hombres que crearon una forma de expresión que nació del alma afroamericana para hacerse universal.

Contrabandistas de alcohol, vagabundos, prostitutas, jugadores, cazatalentos, músicos callejeros, chulos, presidiarios, agricultores, dandys, coristas, predicadores, divas de la canción, estrellas de cine, buscavidas, triunfadores fracasados, poetas y genios, se entrecruzan en el camino que lleva desde las más míseras cabañas del profundo Mississippi a las luminarias de los clubs de Chicago o Nueva York.

Biografías de mujeres y hombres que se bebieron la vida a tragos, que recorrieron los caminos más duros, habitaron los garitos más sórdidos y hurgaron en lo más profundo del alma humana para alumbrar la llamada música del diablo. 

miércoles, 3 de abril de 2013

Estupefacción estupefaciente


Cada vez que pienso que el nivel de candor del ser humano es espectacular y su capacidad de sorpresa infinita, me asalta lo sospecha de que, a lo mejor, lo que somos es completamente gilipollas. Parece que todo el mundo se ha quedado estupefacto con las fotos del presidente de la Xunta, Nuñez Feijóo con Marcial Dorado, un conocido narco gallego, o sea, que la opinión pública se ha quedado estupefaciente. Y la verdad es que no entiendo tanta estupefacción, porque hace 25 años en las barras de los bares y en las páginas de los periódicos se hablaba de contactos entre la derecha y las mafias del contrabando, que por entonces se estaba reconvirtiendo en narcotráfico a toda pastilla, nunca mejor dicho. Nombres cono Sito Miñanco, los Charlines, Carballo Jueguen, Luis Falcón o el propio Marcial Dorado eran más conocidos que los de los jugadores del Celta o del Depor quienes, por cierto, no fueron precisamente los que se reunieron en Portugal con el presidente Fernández Albor, para el que trabajaba por entonces Feijóo como jefe de todo el lío sanitario gallego.
Pero resulta que Feijóo debía estar a otras cosas, porque él no se enteró y cuando conoció a Marcial le cayó muy bien y estuvieron tomando cañas leré leré. Cosa que yo no juzgo, porque probablemente me haya tomado cañas con gente más chunga.... que nunca se sabe. Y ahora algún alguien, por algún motivo, por vete a saber que rezones, por algún tipo de interés... o que se yo, andan circulando unas fotos de aquellos días de simpática amistad. Y esa intimidad se exhibe obscenamente en las barras de los bares, convertida en concurso de chistes sangrientos e ingeniosos. Y con las risas se cuelan guiños cómplices, que vienen a decir que tampoco es para tanto, que son cosas que pasan, que nadie tiene responsabilidad sobre lo que hagan sus conocidos y que aunque la mujer del Cesar no sea muy virtuosa tampoco hay que tildarla de puta.
Esa necesidad de explicarlo como algo normal, que le puede pasar a cualquiera cualquier día, como por un azar inevitable, me resulta muy extraña. Llamadme tiquismiquis, pero me inquieta. Es como si estuviese en medio de un solar y no pudiese identificar de donde viene el mal olor porque estoy rodeado de basura. El peligro es que uno se acostumbra al mal olor y acaba por convivir con él tan ricamente.
Hombre, quien más quién menos tiene por ahí alguna foto vergonzante, muy probablemente relacionada con el consumo etílico o químico, el nivel de euforia futbolera o la inspiración a la hora de celebrar el fin de año, por ejemplo. Pero también es cierto que en la inmensa mayoría de los álbumes de fotos la gente que sale no está fichada. Todos tenemos viejos amigos descarriados, aunque unos más descarriados que otros.
Dice Feijóo que lo único que le untaron fue la crema Nivea que sale en su espalda en una de las fotos y que no firmó ningún contrato con su amigo el contrabandista, mutado ahora a conocido narco. Menos mal. Me quedo mucho más tranquilo sabiendo que en el Palacio de Rajoy no se guardan alijos de rubio americano ni saquitos de coca colombiana. Eso sí, sigo percibiendo un notable tufo a podrido por mucho ambientador que usen los tertulianos de la tele. Y por cierto, el Palacio de Rajoy es la sede del gobierno gallego y ya se llamaba así antes de la presidencia de Mariano. Para que veáis que no me gusta levantar infundios.

Escultura “Cruceiros e pecados” de Paco Poy





jueves, 14 de marzo de 2013

El Rescate del Jetanic


Cada españolito acoquina 12.400 euros para pagar las ayudas púbicas a la banca privada. A uno se le queda el alma congelada cuando le estas cosas en la prensa, dos páginas antes (o después) de enterarse de que un nuevo ciudadano se ha tirado por una ventana cuando venían a deshauciarlo. Y eso se publica el mismo día en que De Guindos “confía” en que Bankia, CatalunyaBanc y Novacaixagalicia y otros titanics bancarios, podrán devolver las ayudas que les ha regalado el gobierno con la pasta de los que hacen cola en la inseguridad social. Para no amargaros el día, os dejo la explicación gráfica y palmaria de mi amigo Leandro Barea.




viernes, 22 de febrero de 2013

Corrupción, ajustes de cuentas, narcotráfico, violencia. Una historia de los años 80... de aquellos polvos...


                            Pronto en vuestras retinas la nueva obra de 
                         Manolo L. Poy y Miguel Fernández

martes, 8 de enero de 2013

El tonto eres tu

Despedía el año viejo igual lo había atravesado, a base de sustos, cuando entre el ruido de los resúmenes de noticias se me quedaron atrapadas dentro dos. Eran noticias de esas humildes, fugaces, que pasan sin hacer ruido, aplastadas por avalancha de datos económicos que entienden muy pocos y se creen muchuos menos, ensordecidas por el agitar de las banderas y la hemorragia patria.

La primera contaba que cuatro concejales del PP en un pueblo de Huelva han dimitido (sin abandonar el cargo, por supuesto) por discrepancias con la dirección provincial del partido que a su vez se defiende acusando, según el manual de cabecera del partido del poder. Parece ser que el verdadero descontento de los tránsfugas es de base crematísitica, o sea, que no han conseguido los boyantes empleos que ellos pensaban obtener al ganar las elecciones.
Lo que pasa es que se equivocaron de sitio. Eso en Galicia no les hubiese pasado, porque allí tenemos eso mucho mejor organizado. Y si no que le pregunten a los cienes y cienes de parientes de Baltar, que convirtió la diputación de Ourense en una permanente cena familiar de Navidad.

La otra mejilla informativa la ponían los cerrajeros de Pamplona, que anunciaban que se negaban a colaborar en un sólo desahucio más, hartos de taparse la nariz ante la pestilencia que desprende la voracidad bancaria. Se ve que no tenían cuerpo para aguantar varias veces a la semana la desolación de los ancianos, las madres, los niños y demás familia, con sus bártulos en la calle mientras los defensores de sus derechos los dejaban con una mano delante y la otra detrás. Probablemente el robo inmobiliario no se reduzca nada, pero contribuye a rebajar la sensación de asco. Su portavoz lo ha dicho con una ingenuidad meridiana: “Sabemos que no vamos a comenzar una revolución, pero queremos que sirva como mecha para que la sociedad navarra se plantee cómo solucionar una situación injusta”.

Unos representan la vertiente más genuina de la filosofía “¿que hay de lo mío?” que practica una buena parte del país, especialmente de sus dirigentes políticos, sociales y económicos, dispuestos a vender a su madre envuelta en papel de plata. Los otros vendrían a representar a esa masa de pringados que, a punto de perder la camisa, pretenden mantener la dignidad, aunque con eso e el super no te den ni los buenos días. Para todos ellos dejó el ministro Ruíz Gallardón la frase lapidaria del año: “Gobernar a veces es repartir dolor”.... y algún que otro chollete, a tenor del plantel de corruptos, tramposos y fulleros que se pasean por el telediario.

Dicen los expertos jugadores que si te sientas en una timba y a los diez minutos no has descubierto al tonto, el tonto eres tu. Así que si eres de los que desde hace demasiado tiempo no tiene un golpe de suerte, nunca le cae una buena mano y ve como la pasta se evapora mientras la banca gana una partida tras otra, empieza a buscar al tonto. Si además te empeñas en elegir siempre a los mismos para repartir las cartas, entonces vete empezando a pensar que, a lo peor, el tonto eres tu.






sábado, 8 de diciembre de 2012

SÁLVESE QUIEN PUEDA. Futurismo salvaje




Recopilación de historias breves dedicada al lado más oscuro de la ciencia ficción, editada por Diabolo Ediciones, que incluye "Sálvese Quien Pueda", una historieta con guión de Manolo L. Poy y dibujos de Miguel Fernández.

domingo, 2 de diciembre de 2012

LOS DÍAS AZULES. Ficciones del Blues

LOS DÍAS AZULES.
13 Relatos de ficción de Manuel López Poy sobre músicos afroamericanos y 13 retratos de Susi Anechina.


Los Días Azules es un viaje al pasado, a los días, reales e imaginarios en los que la música afroamericana germinó, creció y engendró una nueva cultura universal. Son trece retratos, trece relatos, trece ficciones, en los que la pintora Susi Anechina y el escritor Manuel López Poy nos transportan a unos instantes en las vidas de algunos de los más grandes artistas de blues. Rostros e historias en los que se entremezclan la realidad y la fantasía, en una sucesión de momentos que fueron o pudieron ser. Instantes con banda sonora, Ficciones de carne y hueso, retratos de días azules, muy azules.

miércoles, 9 de mayo de 2012

¿Quien dijo miedo?


Andan los twuitters y los facebookes que no les llega la camisa al cuerpo desde el espectacular subidón de los neonazis griegos y la primera sentencia que ha soltado su líder, un señor de nombre muy difícil de pronunciar pero con un mensaje facilísimo de entender:“Ha llegado la hora del miedo para los traidores de la patria”. A mi me parece una frase redonda, básicamente porque siempre que oigo la palabra patria me entra miedo, y si en la misma frase ya se le mezcla lo de traidores, se me erizan los pelos de la nuca, por decirlo finamente.

Por estos lares siempre hemos sido muy dados al patriotismo, más grande o más pequeño, más de izquierdas o más de derechas. Y eso nos ha llevado a grandes cotas de elegancia política como han demostrado estos días el alcalde de Barcelona y el presidente de Extremadura. Uno desviando los balones de su incapacidad hacia al Ave ajeno y otro recurriendo al más refinado estilo tabernario de los cojones.

Pero volviendo al miedo, lo mejor es echar mano de la sabiduría popular y aprender a relativizarlo usando grandes sofismas como aquel viejo “El miedo es como el culo, cada uno tiene el suyo”, lo que andando el tiempo se elevó a la categoría de cita filosófica con aquello de “El que tiene culo, tiene miedo”, cosa que tranquiliza tantos como “Mal de muchos consuelo de tontos”.
O podemos tirar del reconfortante espíritu religioso y recordar que “El miedo guarda la viña” y todos sabemos que la viña es del señor... que bien que me insistieron en ello los curas mientras me enseñaban a no tener miedo al más allá, porque el peligro chungo estaba en el más acá.

Hay muchas formas de ser valiente, como nuestro flamante presidente del gobierno, que no tiene miedo a rectificar y ajustarle las tuercas a este díscolo país recortando todas las ayudas y prestaciones sociales que dijo que no iba a recortar cuando hacia falta que la gente no tuviera miedo a los recortes y votase a los futuros taladores. O ser valiente como Rubalcaba, que tiene el dinero en Bankia y dice no va a hacer nada, una actitud en la que tiene sobrada práctica. Aunque los hay más chulos, como el vecino de Pont de Suert que para demostrar que no tiene miedo a las multas le ha pegado tres tiros (literales) a un radar de velocidad.

Pero regresando al principio, el orangután intelectual de la política griega que lanzó esa bonita soflama patriotera, ayudado por dos gorilas, obligó a ponerse de pie a los representantes de la prensa y expulsó a la única que no quiso humillar su profesión. Supongo que el resto de compañeros no se levantaron por miedo, sino por cumplir con su deber profesional de informar caiga quien caiga, aunque se desplome la propia dignidad personal y profesional. Quizá los plumillas que estos días andamos con el ánimo encogido por el miedo a la desaparición de trabajos y medios (y de paso a los recortes de la libertad de expresión) podríamos pensar que “No hay peor miedo que el miedo al miedo” y que de vez en cuando hay que acordarse de Santa Barbara antes de que truene.

Por cierto, ¿os acordáis cuando su usaba aquella broma de “Quien dijo miedo habiendo hospitales”?. ¡Cuanto han cambiado las cosas!



FOTO: “Aprendizaje”. Escultura de Paco Poy.

viernes, 20 de enero de 2012

Presentación de "El Hijo de la Ira" en Madrid


El viernes 13, una fecha de lo más ajustada al género negro, se presentó en la Casa del Libro de Gran Vía, en Madrid, el cómic de Manuel López Poy y Miguel Fernández, "El Hijo de la Ira", la historia del bandido gallego Mamed Casanova, considerado el último bandolero romántico.

http://www.rtve.es/noticias/20120117/mamed-casanova-hijo-ira--comic-sobre-ultimo-bandolero-romantico-espanol/489837.shtml

martes, 13 de diciembre de 2011

No me líes más


Llevamos casi 25 días con un gobierno provisional, que para el caso es lo mismo que sin gobierno y aquí no ha pasado nada, o mejor dicho, casi estamos más tranquilos que antes, cosa que demuestra para lo poco que sirven los gobiernos y quien manda realmente aquí: Merkozí y los Mercados, que aunque lo parezca, no es un grupo de rock.

Son 552 horas de amenazas con la que se avecina, de rumores sobre catastróficos recortes sociales y de genuflexiones de nuestros presuntos mandamases ante los absolutos mandatodo del dinero. Son 33.120 minutos desde que la más patética de nuestras patéticas campañas electorales acabó en un jornada de reflexión que tuve la fortuna de celebrar con una noche de música y juerga con amigos y colegas. Y digo la fortuna, porque no sólo me lo pasé como un enano, con perdón de los acondroplásicos, si no que además tuve unas afortunadas revelaciones políticas fruto a la par de la ingesta de bebidas espirituosas y de las letras de los dos grupos del concierto: Don Vito y Aerostato.

La cosa tenía como escenario la Sala Begood de Barcelona, donde convocados por los perros verdes de Groc Dog, nos dimos cita un puñado de viejos amigos que nos abrazamos entusiásticamente y nos deleitamos con las dos bandas (nunca mejor dicho) que actuaron. Aerostato venían de Madrid, liderados por Ángel Carmona, el conductor del programa de Radio 3, “Hoy Empieza Todo”, que reconoceréis que es un nombre que venía al pelo para tal noche. Los aerostatos derrocharon verborrea, desfachatez y buena música, con letras lisérgicas que hablan del año nuevo chino, la sopa o la vida propia del mobiliario doméstico. Mi cráneo privilegiado captó de inmediato el mensaje: se acercan tiempos delirantes en los que unos cuantos seguirán viviendo de la sopa boba y viene una nueva remesa dispuesta a arramblar hasta con los muebles, mientras nos amenizan con cuentos... chinos, por supuesto.

Por si no fuera un mensaje lo suficientemente diáfano, los Don Vito se encargaron de despejar mis últimas dudas. Camil, Mariano y Juan, vestidos con una elegancia impecable, como corresponde a unos fieles seguidores del “capo di tutti capi”, desplegaron ante mis orejas un alud de sabiduría del que tardé varios días en recuperarme, San Bourbon mediante. Para muestra, el botón de su tema Miedo, que habla de “políticos canallas, empresarios sin agallas, banqueros reprimidos, hipotecas impagables, prestamos derrochadores, desacuerdo entre regiones.... fabricando miedo, despidiendo corazones”. Por si no se entendía bien, que hay mucho torpe suelto, su tema estrella de la noche fue “No me líes más”, una frase que, llamame tiquismiquis, me suena dentro del cráneo, al más puro estilo Homer Simpson, cada vez que escucho a un político.

Quizá penséis que tengo un rostro que me lo piso al endilgaros una crónica de un concierto de hace casi un mes.. y tenéis razón. Pero a parte de que se lo debía a mis Don Vito del alma y los Groc Dog de mi corazón, ayer se me iluminó el cerebelo cuando leí unas declaraciones de nuestro inminente presidente que rezaban (y va sin segundas): “Lo que no va a entender la gente es que se hagan cosas de las que tengamos que avergonzarnos..... estas son las propuestas razonables, podía haber habido otras, pero hay que proponer, como todo el mundo sabe, lo que hay que proponer”. Ante tal despliegue de sapiencia comencé a derramar lágrimas de agradecimiento por semejante guía y luz en los próximos años y decidí compartir con vosotros este embrollo de deterioro mental que he desarrollado desde la jornada de reflexión y que, como los mandamientos, se resumen en dos: tenemos lo que nos merecemos y aquí pasará lo que tenga que pasar.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Los tontos no lloran


Allá por el año 1983 este país se hallaba sumergido en una severa crisis económica y yo era un jovenzuelo que daba sus primeros y titubeantes pasos en esta ingrata profesión del periodismo. Por entonces iba a comerme al mundo, ignorando si sería capaz de digerir semejante festín. Afortunadamente por entonces aún no se había puesto de moda medirlo todo por su rentabilidad económica y conseguí mi primer trabajo regular, o sea, a mitad de camino entre bueno y malo y con cierta estabilidad, retransmitiendo la Lotería Nacional todos los sábados para una recién nacida emisora municipal de radio de una ciudad que nunca había pisado: L´Hospitalet de Llobregat. Evidentemente la potencia de la emisora, por muy ambiciosa que fuera, no llegaba a Madrid, así que para darme paso en antena mis compañeros me enviaron un micrófono con un cable de varios metros y llamaban por teléfono a una cabina de la sala de prensa del salón de loterías, desde donde me daban paso y yo comenzaba a hablar andando hacia mi mesa.

El resultado inmediato fue que mis colegas de otras emisoras me apodasen Frank Sinatra. Las consecuencias a más largo plazo fueron el desarrollo de una personalidad profesional basada en la escasez de vergüenza y la improvisación por falta de medios técnicos. En los siguientes tres años me convertí en el corresponsal en Madrid, desde donde transmitía las ruedas de prensa de los consejos de ministros de Felipe González desde los teléfonos de los despachos de la Moncloa, las manifestaciones de la reconversión industrial desde cabinas telefónicas de la calle rodeadas por obreros gritando consignas, los primeros debates sobre corrupción política pegando el altavoz de la grabadora a un teléfono de una cabina del congreso o entierros como el del profesor Tierno Galván desde bares donde la gente guardaba un respetuoso silencio sepulcral.

Así me fui curtiendo en la técnica de “buscatelavidachaval”, cosa que me vino al pelo cuando comencé trabajar en empresas más dotadas de infraestructuras. Y os preguntaréis ¿porqué nos endilga éste ahora esta batallita pleistocénica de periodismo ancestral?. Pues, aparte de tirarme un poco el pisto profesional, la cosa viene a cuento porque andando los años acabé recalando de nuevo y por puñetera casualidad, en aquella emisora de Radio L´Hospitalet, esta vez para hacer un divertido programa en compañía de mis compañeros de Bad Music Blues. Durante tres años hemos hecho un programa divertido y disparatado, sin grandes pretensiones y sin mayores preocupaciones, hasta que hace un par de días nos comunicaron que los genios que dirigen el ayuntamiento van a cerrar la emisora.

Recibí la noticia en Sevilla e intenté digerirla mientras paseaba por los Jardines de Murillo, entre parejitas que se arrullaban en la oscuridad y adolescentes que vomitaban a plena luz, o sea, un botellón de medio pelo. Ajeno a tal despliegue de sensibilidad, pensé en Jota, Abadías y el resto de los compañeros que se quedan en la calle, en todos los que algún día tuvieron su primera oportunidad en esa radio y en los que ya nunca la tendrán. Entonces me di cuenta de que se me escapaba una lágrima. Sí, efectivamente, me estaba comportando como un moñas, sobre todo teniendo en cuenta que soy de esa generación a la que le taladraron el entendimiento con lo de que los hombres de verdad no lloran. Afortunadamente, hace mucho tiempo que aprendí que los únicos que no lloran son los tontos. Sin ir más lejos, seguro que no han vertido una lágrima los cráneos privilegiados que han decidido ahorrar en setenta sueldos lo que han despilfarrado durante años en asesores inútiles, fastos innecesarios y dietas insultantes.

No dudo que el ayuntamiento de Hospitalet necesite ahorrar y ajustar sus cuentas, pero no acabo de entender esta moda de buscar una salida a la crisis saneando cuentas públicas a base de incrementar las listas del paro y la precariedad laboral. Puede que el argumento sea, como ya leo en algunos sitios, que una emisora pública sólo es un elemento de propaganda y que hay prioridades más gordas. Puede, pero también es cierto que eso nos es culpa de los currantes, que hay sitios por los que recortar gastos más innecesarios, que a lo mejor lo que sobra son políticos mediocres sin imaginación y que... en fin, yo que se, porque el mosqueo me nubla el entendimiento.

Total, que ahora que se me ha secado la lágrima con la subida de temperatura que da la mala virgen,sólo se me ocurre preguntarle a los inteligentes dirigentes de la hipotética derecha civilizada, la presunta progresia moderada o la anticuada izquierda radical, que planes tienen para los miles de jóvenes periodistas, enfermeros, profesores, técnicos, camareros, lampistas... y presentes y próximos parados en general. ¿Quizá contratarlos de plañideras en el inminente entierro de su futuro?.

miércoles, 12 de octubre de 2011

Los putos blues y la hispanidad


Ayer era un día como otro cualquiera, al menos para mi. Pero resulta que con mi despiste habitual estaba entrando en un día patrio, uno de esos días patrios por excelencia. Pasadas las doce de la noche, aferrado a mi chupito, entraba en el Día de la Hispanidad, nombre rimbombante con el que antes se denominaba al día del Descubrimiento de América.
Ajenos a esas vicisitudes, dos amigos míos presentaban un disco. La criatura se llama “Todo lo hice por los blues” y lleva el subtitulo “Cien por cien en castellano”. Y pensareis, ¡coño que apropiado!. Pues, queridas bestezuelas, para nada. La cosa era un puta casualidad, provocada por una profunda reflexión: lo presentamos el martes, porque el miércoles es fiesta. ¿Qué fiesta?. Ni puñetera idea. La cosa es que en una sala de Barcelona, regentada por un descendiente de gallegos y llamada Rocksound, dos argentinos presentaban un disco que resumía sus escasos treinta años de vida.
Como últimamente hay un exceso de patriotismo, vaya por delante que a los dos individuos en cuestión nunca los reivindicaré como descubrimiento, por muy sudacas que sean, sino como amigos, por muy sudacas que sean, valga la reiteración.
Los “pibes” se llaman Martín y Flavio, Se conocieron allá por principios de los 90 en un campo de fútbol. Los que los conocemos sabemos lo que cuesta imaginárselos vestidos con pantalones cortos y medias a media pierna. Pero hubo un día que fue así. Ambos jugaban en el Club Ferrocarril Oeste, ignoramos con que fortuna balompédica, pero la vida no les había llamado al recto camino del deporte, sino al tortuoso camino del arte, o en su defecto, de la farándula.
Martín era el típico feo encantador que ligaba como un condenado. Flavio era el graciado que no se comía una rosca y tardaba en despegar. Martín era un seductor guitarrista de un grupo de rock adolescente. Su colega Flavio dedujo que ahí estaba la clave del éxito y aprendió a tocar la armónica, porque le pareció el instrumento más fácil.
Una buena noche ambos se subieron a un taxi y la taxista llevaba un casette con música blues. Y allí parió la madre del cordero. Flavio se quedó impactado y, andando el tiempo, se convirtió en Tota. Martín se convirtió en su fiel escudero y devino en lo que ya era: un magnífico guitarrista. Ambos se hartaron de recorrer tugurios arrastrando sus blues, hasta que un buen día pillaron un avión y se vinieron a esta europa/españa/cataluña, cruzando el océano que Colón convirtió en charco y “pasando más miedo que argentino aduana”, según propia confesión.
Aquí las pasaron de todos los colores, desde el verde hasta el morado, hasta que se ¿asentaron?. Ayer estos dos bingueros marrulleros, cumplieron un sueño: demostrar que el blues tiene un idioma propio, pero un sentimiento universal. Martín Merino, el chaval que componía baladas de rock, demostró que lleva dentro un poeta. Tota, ese absoluto Tota Blues, disfrutó como un niño tocando magistralmente aquel instrumento que un día, como al despiste, le cambió la vida.
Durante dos horas nos regalaron canciones que hablan de bares, de mujeres, de borracheras, de desamores, de decepciones, de soledades, incluso, de amores y éxitos. Nos dijeron cosas como , “Olvídate del pasado, consíguete otra mujer”,”Soy un rey de noche y un mendigo de día”, “Tuve una gran mujer pero no tuve tiempo para huir”, “Soy un tipo raro” o “El último whisky”. Por momentos pensaba que estaba escuchando mi propia biografía. A la mañana siguiente, me desperté con un ladrillo en la cabeza y pensando: menos mal que algunos nos han devuelto el puto descubrimiento.

lunes, 3 de octubre de 2011

La última corrida


El otro día vi a un chaval, con los cojones de un torero pegados en la nuca, llorando mientras se lleva al diestro (por cierto, ¿no hay toreros zurdos?) desde la Monumental de Barcelona hasta su hotel (el del torero, no el del porteador, que la cosa cambia mucho). El tipo le gritaba a la cámara que le habían quitado lo más grande y lo mejor que tenía (espero que refiriéndose al cierre de la plaza de toros). Eso pasaba a pocos metros de donde vivo, pero yo lo vi por la tele, que es donde se ven bien las cosas. Pero como soy de natural curioso, salí a la calle a disfrutar con el espectáculo. Por un lado los antitaurinos celebrando el fin de la tortura, por el otro los taurinos llorando por desaparición de una cultura fundamental. Incluso había quien se lamentaba por la perdida de libertad de expresión y casi todos, por una cosa o por la otra, se sentían más patriotas que nunca.

Y os preguntaréis, ¿que tiene que ver esto con la foto de la señora pidiendo en la calle?. Pues resulta que la señora también vive en el barrio, concretamente en la entrada de un tienda que se alquila desde hace un año, y que cientos de personas: taurinos, antitaurinos, escépticos, aburridos, apáticos, achispados, todos sin excepción, pasaron a su lado sin verla. O sin querer verla, como algo que no va con ellos, que a ellos no, que eso le pasa a gente muy desestructurada, sin familia, sin amigos.

La señora de la foto no quiere contar su vida, lo cual me parece muy lógico, pero de su cartel deducimos algunas cosas. No tiene faltas de ortografía, lo que supone un cierto nivel cultural y además indica que el cartel tiene muchas posibilidades de ser verdad. Dice que su marido murió y ella se quedó en la calle, lo cual puede significar que no hace tanto llevaba una vida más o menos normal, si es que tal cosa existe, y de golpe todo se fue al carajo. Su aspecto limpio y las dos maletas grandes, seminuevas y repletas, parecen indicar que la anterior sospecha es cierta y que todavía no ha entrado en la cuenta atrás del vagabundeo. La señora de la foto quizá hace poco tiempo tenía una familia, y no necesariamente desestructurada, quizá tuviera amigos y, eso seguro, en algún momento todo se fue a la mierda. Una situación que a veces está más cerca de lo que pensamos.

Más de diez millones de españoles vive en una situación de “riesgo de pobreza o exclusión total”, en eufemismo que viene decir que las están pasando más putas que Caín para sobrevivir malamente. Diez millones de españoles viene ser casi uno de cada cuatro, por si no os apetece hacer el cálculo Los que mejor lo llevan son los ciudadanos de Navarra, donde el indice de personas al límite es de una de cada diez, y los que peor son los de Melilla, donde están oficialmente hasta el cuello cuatro de cada diez. Esto último lo pongo para que parezca más serio, pero en realidad no aporta casi nada, igual que la mitad de los datos que vomitan en los informativos.

No sé el informe que se llama AROPE, siglas de “At Risk of Poverty and/or Exclusión” (y aquí no os hago la traducción para no insultar a vuestro preclaro intelecto), incluye a muchos de los que están volviendo a casa de sus padres pasada la treintena, e incluso la cuarentena, porque se les ha desmanganillado todo el tenderete, a los que están apurando los últimos cartuchos de los ahorros mientras ven como no venden ni a tiros la vivienda que hace sólo tres días era “una inversión segura que nunca puede perder valor” según los listos de las entidades financieras, a los que se pasan días trabajando en proyectos que nunca cobrarán, o al que está esperando una regulación de empleo o a los que andan por ahí fuera buscándose la vida y ven que como cada día lo tienen más chungo para volver y no engrosar las filas de la precariedad. Pero me temo que no, que esos todavía no están en esa lista. Y si contamos a todos esos que andan, o andamos, por la cuerda floja y sin red, se le eriza a uno el pelo de la nuca.

Y con el pelo de la nuca ya erizado, cuando uno lee lo que dicen y hacen quienes piden nuestros votos prometiendo sacarnos del pozo, es el momento de echarse a llorar... de rabia. Ahí si que la corrida promete ser larga, porque nos toreando como les da la gana, pegan un capotazo tras otro y les está saliendo la faena redonda. Claro que para corrida la que se marcó el otro día el broker de la BBC. Ese si que se quedó a gusto . Lo dijo alto y claro, como en la película de Willy Wilder. Uno: hay quien está aquí sólo para forrarse y para eso hace falta que la mayoría pringue a base de bien. Dos los políticos no mandan un carajo. Tres, esto se hunde, pero sólo para los pringaos, que somos los tontos que miramos al dedo cuando nos señalan la luna.

Como era de prever, al tío le han puesto a caldo, pero no se puede decir que sea un mentiroso ni un hipócrita. La señora de la foto dice que no tiene ninguna opinión sobre el broker susodicho, ni sobre las promesas electorales, ni sobre las primeas de riesgo, ni sobre la desestabilización de la zona euro, ni sobre los recortes presupuestarios, que ella lo que quiere es volver a dormir bajo un techo. Por no tener, ni siquiera tiene opinión sobre el asunto de la última corrida. Aunque a lo mejor la tiene y se la calla. Y a lo mejor se parece mucho a aquello que decía el Guerra (el torero, que no el político): “Más cornás da el hambre”.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Ausencias


A veces la vida parece sacada de un guión de una mala película de arte y desmayo. Andaba yo pesaroso por un ausencia, por un eclipse que me arañaba el alma, por una despedida que no fue, por un abandono virtual. Un persona que quiero y extraño había hecho mutis tras en un mensaje que era la promesa de otro que nunca llegó. Sentado en el metro, rodeado de vidas anónimas, buscaba una razón a un abandono inexplicado, y filosofaba de baratillo sobre mis propias, inaclaradas e inexplicables ausencias. En definitiva, que iba yo mirándome el ombligo de los sentimientos cuando el móvil vibró con la pantalla iluminada con el nombre de un viejo y querido amigo. Una de esas llamadas que encienden una alarma en la parte más encallecida del cerebro. Saludos de rigor e intercambio de datos básicos: seguimos en la brecha a pesar de los pesares, lo mismo digo, aquí estamos, luchando a brazo partido, intentando no perder la sonrisa, en la misma estamos camarada. Luego el dato: Mendi ha muerto, compañero.

Colgué y el tiempo retrocedió a los días de aquel invierno, a la barra de un diminuto garito de Malasaña, regentado por Tomás, el tipo más simpático y mujeriego que he conocido jamás. Un maravilloso tugurio frecuentado por adorables canallas, jóvenes envejecidos, mujeres de rompe y rasga y vividores de toda índole, que lucía el imposible nombre de El Fantasía, o sea, tratándose de Madrid, El Fanta (aunque allí refrescos se consumían más bien pocos).

Recordando a Mendi, a Pele, a Paquito el Bomba, al Filósofo Chiflado, a Toñi, A Chiqui, a Amparo, a Lourdes, a Pilar, al Roquero Amargado y a tantos otros ilustres ausentes, regresé al humo del amado garito, a las tardes de alcohol y risas, a las noches de juergas y delirios, a las veladas de charlas y despropósitos, a los interminables arreglos del mundo, a los amaneceres en cama ajena, a las pantagruélicas comidas dominicales, en fin, a la intensidad de aquellos arrebatados días. Entonces me di cuenta de que iba sonriendo como un imbécil. De golpe se me había borrado la tristontería que me inundaba por unas desapariciones virtuales y las había sustituido por el nostalgigozo de unas ausencias, definitivas unas, reales para siempre todas.

Me gustaría pensar que Mendi viaja por fin en uno de aquellos submarinos que tanto le gustaban, mirando el mundo a través de su descreido periscopio, saboreando un vino de cosecha y recitando los versos de viejos aventureros, riéndose con sus carcajadas de viejo pirata. Prefiero olvidar sus últimos y jodidos años, cuando su ausencia estaba teñida de dolor, oscurecida por las sombras más duras de esta perra vida. Prefiero recordar al disidente empecinado, al ácrata contracorriente, al ilustrado vividor. Prefiero sonreír y pensar que su ausencia no es tal, porque nadie desaparece del todo mientras alguien le recuerda.

viernes, 12 de agosto de 2011

La gran evasión


Lo peor del verano somos nosotros mismos, para variar. Somos un bicho que, en la temporada más calurosa e inhóspita del año, lo mejor que se le ocurre es apiñarse todos en los mismos sitios para desvariar de distintas formas y maneras. De ese frenesí ha surgido una industria ancestral y superespecializada: fiestas patronales, verbenas de barrio, gimcanas, pasacalles, partidos de solteros contra casados, festivales musicales, concentraciones (sic), conciertos, botellones, despedidas de soltería, manifestaciones, visitas papales y un larguísimo etcétera que, si se me ocurriese algo más, prolongaría.
Y ahí es donde te espera, agazapada, la pesadilla veraniega. Es prácticamente imposible escabullirte y no sufrir una serie de repetidos encuentros que pueden acabar con el ya inestable equilibrio mental de un bípedo implume de tipo medio. Yo, debo confesarlo, he optado por la técnica cobarde, de la que empiezo a ser un consumado maestro. Hace semanas que me dedico a dar esquinazo, regatear, hacerme el avión y huir como alma que lleva el diablo de una variopinta fauna.
De los presuntos conocidos, a los que no recuerdo haber visto nunca, que me aporrean la espalda mientras me escupen a la cara su alopecia mental y me endilgan delirantes análisis sobre invasiones de extraterrestres extranjeros y conspiraciones para privatizar la donación de órganos.
De las aprendices de Amy Westinghouse que se pintan como puertas y creen que decir cada tres segundos coño, hostia y me cago en la puta es un signo de personalidad y no una exhibición de garrulería palurda.
De los que les das la mano y te arrancan el brazo para batir con él las yemas de sus propios huevos que, evidentemente, son los más grandes del planeta.
De los fachas catastrofistas permanentemente amargados que ya lo veían venir porque el gobierno no se ha suicidado a tiempo.
De los buenrollistas empeñados en abrazarte y sumarte a su causa cósmica a base de empalagosos chupitos de exaltación de la fraternidad universal.
De los que ya lo sabían y de los que a mi que me vas a contar. De los especialistas climáticos y de los expertos en macroeconomía, recién fugados de una tienda china de todo a un euro.
De los patriotas de pueblo, empecinados en que les confirmes por decimonovena vez que como el sitio en el que han nacido por causalidad no hay ningún otro en todo el mundo.
De los que creen que un chandal es elegante, que escupir cáscaras de pipas es repoblación forestal y que el destornillador es una bebida.
En fin, que como todavía queda un mes de veranito, he decidido seguir un curso de yogui (de los de la india, no de los dibujos animados), ya sabéis, un tipo de esos que comen cristales y duermen en clavos. A ver si así consigo un poco de paz espiritual. Caso de no lograrlo, pues... nos vemos en los bares.




sábado, 16 de julio de 2011

La Realidad


Hace muchos años llegué a La Realidad. No, no es que me hubiese dado un rapto de sensatez y coherencia vital, del que que el diablo me libre. No, a donde llegué fue a una pequeña aldea en medio de la Selva Lacandona, en México, donde los zapatistas habían establecido su capital operativa. Por entonces aún era yo un periodista ilusionado y pensaba conectar con la revolución del momento. De la revolución lo cierto es que no vi mucho, pero me pasé una semana conviviendo por primera vez con unos auténticos indígenas del entonces llamado tercer mundo. Como no me dejaban moverme más allá de unos cien metros cuadrados, me convertí en un especialista en matar el tiempo.

Y en esas estaba yo una tarde, aburrido como un galápago, cuando a mi lado se sentó un indio con una sonrisa tan grande como su mostacho y el inevitable machete al cinto. Después de diez minutos de riguroso silencio, me preguntó de donde venía y si mi casa estaba muy lejos. Ya he dicho que era joven, pero sobre todo era ignorante de aquellas lides, así que me puse a explicarle que vivía al otro lado del océano, que éste era un enorme río que llevaba varios días cruzar a pié (porque el hombre insistió en saberlo, no porque se me hubiese ocurrido a mi tal explicación), y que cuando en su casa era de día, en la mía era de noche (eso sí fue de mi cosecha). El tipo sonrió, saludó con la cabeza y se largó. A partir de ese momento me convertí en la atracción de la aldea, No había tarde en que uno de los vecinos no se sentase a mi lado, con una sonrisa de oreja a oreja y soltase la misma pregunta. “¿Así que usted vive en un sitio que es de noche cuando aquí es día y que hay un río que lleva varios días cruzar?”

Aparte de aprender que hay veces que es mejor pensárselo dos veces antes de abrir la boca, en La Realidad me di cuenta por primera vez, que en este mundo hay muchas realidades distintas y que cada cual vive en la suya. Recordé esto cuando el otro día leí en la prensa que un cubano llamado Adonis había muerto cuando intentaba llegar a España oculto en el tren de aterrizaje de un avión. Había muerto asfixiado y congelado cuando trataba de cruzar ese mismo océano que tanta incredulidad creaba a mis amigos de la Selva Lacandona. Había muerto cuando buscaba un paraíso que había intuido en los canales vía satélite de televisión, que había observado en las calles de su ciudad, por donde se paseaban extranjeros vestidos de mamarrachos, a los que parecía sobrarles el tiempo y el dinero.

Algunos dicen que viajaba en busca de la libertad. Yo creo humildemente que la realidad es que Adonis quería huir al sitio en que viven algunos de los que iban dentro del avión, solo unos metros más arriba; tipos repelentes e impresentables, a los que en su pueblo no dirige la mirada ni la menos agraciada del lugar, que se ufanaban de las espectaculares mulatas que se habían “ligado” a golpe de billetera, atiborrándose de ron y de presuntas proezas sexuales.

Claro que él no sabía que muchos de esos patosos no regresaban a su casa, sino a la que les deja tener el banco mientras siguen soltando una pasta indecente, conseguida a base de poner el culo y trabajar como un asnos (a cada uno lo suyo). Tampoco sabía que, probablemente, para alguno serían sus últimas vacaciones y, quién sabe, su último polvo con una señora de buen ver, porque habían viajado con un dinero que no era suyo, sino de unos señores que se llaman “mercados”. Y seguramente ignoraba que todo aquel alarde de poderío y chulería del que habían hecho gala en el trópico, se quedaría en un triste balbuceo de excusas cuando se tuviesen que enfrentar de nuevo a su jefe y puede que hasta a su mujer; y que aquella generosidad y buen rollo que habían derrochado con negros y mulatos de toda edad y condición, se volvería en desprecio hacia cualquiera de piel oscura y acento extranjero, en cuanto pisase las aceras de su barrio.

Si Adonis hubiese sobrevivido a su descabellado intento, hubiese descubierto que nuestra realidad es mucho más cutre de lo que el se había imaginado, que aquí no atamos los perros con longanizas, que nuestra sociedad está al bode de la caducidad y que sobrevivir significa tragar mierda y decir amén cada vez que los que tiene la sartén por el mango nos sueltan unas migajas del pastel. No le dio tiempo. Se murió congelado a miles de metros de altura, cruzando un océano de falsas esperanzas, soñando con una realidad que no existe, por mucho que algunos se empeñen en venderla envuelta en papel de regalo.

sábado, 18 de junio de 2011

Poesía encarcelada


Ayat al-Qarmezi tiene 20 años, Es estudiante y escribe poemas. O al menos así era hasta el pasado mes de marzo, cuando se le ocurrió leer uno de sus poemas en una concentración de protesta en la Plaza de la Perla, en la capital de Bahréin, una plaza que fue arrasada con bulldozers para que no pudiese ser usada como punto de concentración de los que protestaban contra el régimen de rey Ahmad ibn Isa Al Khalifa y familia, a quien iban dirigidos los versos de esta joven de sonrisa cansada.

“Somos el pueblo que matará la humillación y asesinará la miseria. ¿No oyes sus gritos, sus alaridos”. Por frases como esta, Ayat fue acusada de “instigar el odio contra el régimen”. Fue perseguida y detenida. Durante quince días estuvo incomunicada y fue torturada con descargas eléctricas. Ahora ha sido condenada a un año de prisión por un régimen despótico que ya ha liquidado silenciosamente a cuatro opositores detenidos y que ahora juzga a 48 médicos y cirujanos por haber colaborado en las protestas pacíficas de la más corta de las primaveras árabes. La mayoría de esos médicos no hicieron más que curar a los heridos a manos de la policía de unos sátrapas que nada tienen que envidiar al descerebrado Gadafi, pero que tienen la suerte de ser unos fieles aliados de eso que se llama “occidente”.

A estas horas los bonitos ojos negros de Ayat están apagados por las lágrimas y sus labios ya no pronuncian rimas, sino lamentos. Mientras miles de jóvenes inundan nuestras plazas en busca de nuevas y más profundas formas de democracia, ella, otros miles de jóvenes como la poetisa de Bahrein, no tienen más horizontes que las cuatro paredes de una siniestra celda, en la que languidecen entre el silencio de los medios de comunicación, que prefieren el espectáculo de un bombardeo que imponga la democracia a tiros, a una voz que luche por la libertad a golpe de versos.

No conozco más versos de Ayat que los que ya he citado, pero me gustaría formar parte de ese pueblo que matará la humillación y asesinará la miseria. Por el momento me conformo con unir mi voz a las, desgraciadamente escacas, voces que no quieren olvidar a una princesa del pueblo... de las de verdad y no de las que crean artificialmente las revistas del corazón. Por si queréis uniros este coro, podéis hacerlo a través de la página de Anmistia Internacional.