miércoles, 3 de abril de 2013

Estupefacción estupefaciente


Cada vez que pienso que el nivel de candor del ser humano es espectacular y su capacidad de sorpresa infinita, me asalta lo sospecha de que, a lo mejor, lo que somos es completamente gilipollas. Parece que todo el mundo se ha quedado estupefacto con las fotos del presidente de la Xunta, Nuñez Feijóo con Marcial Dorado, un conocido narco gallego, o sea, que la opinión pública se ha quedado estupefaciente. Y la verdad es que no entiendo tanta estupefacción, porque hace 25 años en las barras de los bares y en las páginas de los periódicos se hablaba de contactos entre la derecha y las mafias del contrabando, que por entonces se estaba reconvirtiendo en narcotráfico a toda pastilla, nunca mejor dicho. Nombres cono Sito Miñanco, los Charlines, Carballo Jueguen, Luis Falcón o el propio Marcial Dorado eran más conocidos que los de los jugadores del Celta o del Depor quienes, por cierto, no fueron precisamente los que se reunieron en Portugal con el presidente Fernández Albor, para el que trabajaba por entonces Feijóo como jefe de todo el lío sanitario gallego.
Pero resulta que Feijóo debía estar a otras cosas, porque él no se enteró y cuando conoció a Marcial le cayó muy bien y estuvieron tomando cañas leré leré. Cosa que yo no juzgo, porque probablemente me haya tomado cañas con gente más chunga.... que nunca se sabe. Y ahora algún alguien, por algún motivo, por vete a saber que rezones, por algún tipo de interés... o que se yo, andan circulando unas fotos de aquellos días de simpática amistad. Y esa intimidad se exhibe obscenamente en las barras de los bares, convertida en concurso de chistes sangrientos e ingeniosos. Y con las risas se cuelan guiños cómplices, que vienen a decir que tampoco es para tanto, que son cosas que pasan, que nadie tiene responsabilidad sobre lo que hagan sus conocidos y que aunque la mujer del Cesar no sea muy virtuosa tampoco hay que tildarla de puta.
Esa necesidad de explicarlo como algo normal, que le puede pasar a cualquiera cualquier día, como por un azar inevitable, me resulta muy extraña. Llamadme tiquismiquis, pero me inquieta. Es como si estuviese en medio de un solar y no pudiese identificar de donde viene el mal olor porque estoy rodeado de basura. El peligro es que uno se acostumbra al mal olor y acaba por convivir con él tan ricamente.
Hombre, quien más quién menos tiene por ahí alguna foto vergonzante, muy probablemente relacionada con el consumo etílico o químico, el nivel de euforia futbolera o la inspiración a la hora de celebrar el fin de año, por ejemplo. Pero también es cierto que en la inmensa mayoría de los álbumes de fotos la gente que sale no está fichada. Todos tenemos viejos amigos descarriados, aunque unos más descarriados que otros.
Dice Feijóo que lo único que le untaron fue la crema Nivea que sale en su espalda en una de las fotos y que no firmó ningún contrato con su amigo el contrabandista, mutado ahora a conocido narco. Menos mal. Me quedo mucho más tranquilo sabiendo que en el Palacio de Rajoy no se guardan alijos de rubio americano ni saquitos de coca colombiana. Eso sí, sigo percibiendo un notable tufo a podrido por mucho ambientador que usen los tertulianos de la tele. Y por cierto, el Palacio de Rajoy es la sede del gobierno gallego y ya se llamaba así antes de la presidencia de Mariano. Para que veáis que no me gusta levantar infundios.

Escultura “Cruceiros e pecados” de Paco Poy





4 comentarios:

Ivan Gonzalez Zaera dijo...

Totalmente de acuerdo, Manolo. La mujer del César no sé si es puta, pero que trabaja en la prostitución, seguro. Y que ese fuerte olor a pescado podrido proviene de una invasión bacteriana, también.
Un saludo !

jojo dijo...

Hayyy que mala persona... se relaciona con colegas de profesión...
hay... que mal visto!!!
Bien Manolo! me entero de mas cosas leyendo tus escritos que en un año en el facebook.

Anónimo dijo...

Gracias Manolo,
Lo intentamos, lo intentamos... pero no hay estómago que resista tamaño "Cambalache"...

Un abrazo,
J

Anónimo dijo...

Las amistades peligrosas. Ja Ja Ja